EL AÑO DEL GATO (The Year of the Cat)

Todas las noches tengo espectáculo al llegar a casa... o más bien soy partícipe co-protagonista de un curioso y reiterativo ritual... entro en el pasillo del recibidor que da a la salita de estar y allí está, rascándose con delectación en el canto de la puerta del comedor... moviendo despreocupadamente su cola blanca y peluda... bostezando y enseñándome la afilada dentadura con su colmillo izquierdo partido...
El siguiente movimiento es acercarse lentamente a mis pantorrillas y refregarse el cuerpo una y otra vez en el bajo de mis pantalones, que quedan cubiertas de una fina capa de pelo blanco... un maullidito, otro... y empieza la persecución por todas las habitaciones, por el dormitorio mientras me cambio de ropa, por el lavabo, mientras me quito las lentillas y me pongo las gafas de estar por casa... momento que él aprovecha para reclamarme que le abra el grifo del bidet, para beber agua directamente del fino chorrito que cae en la taza del baño...
Luego, sin dudarlo, cuando me ve salir del servicio, me sigue frenético, babeando y lanzando grititos nerviosos... me reclama su cena, por supuesto... reviso el plato de grano seco, de ricas croquetitas rellenas de verduras y pescado... le cambio el agua por una nueva fresquita recién salida del surtidor... y decido qué lata de manjar fresco le voy a poner esa noche... desde pequeño le acostumbré a las tarrinas de pescado y se ha mantenido fiel a ellas... es un “Chico Whiskas”, no me admite otra marca, el puñetero, bueno ahora poco a poco me acepta las latas especiales “Diamante Gourmet”... no es tonto el muchacho...
En cuanto abro la tapa de la lata, empieza el recital de maullidos, babeos y expresiones de ansia... y ahí lo tienes, devorando el contenido del cuenco rojo, emitiendo todo tipo de ruidos y percusiones varias...
Lo malo es que todo esto ocurre en la cocina, que es un lugar muy transitado... y al menor sonido de cubiertos o de vasos, ya lo tienes corriendo que se las pela a esconderse bajo el sofá... es muy nervioso mi gato, especialmente nervioso...
Más tarde, una vez se ha saciado y nos ve a mi mujer y a mi descansando en el diván, tras nuestra cena... dispuestosa ver una buena película en la tele... lo ves paseándose con la cola en alto... todo él blanco como la nieve, con sus ojos verdosos, sus simpáticos bigotes y su ronroneo típico pidiéndonos carantoñas... es un mimado de aúpa...
Nuestro gato PUF nos llegó casi recién nacido el mes de Febrero de 1996, hace ya más de 11 años... o sea, según la equivalencia de edad con la raza humana, sería ya un viejales de 60 tacos, el pobre...
Tan pequeñito que era, como una bola de pelo blanco con ojos, que le llamamos PUF, como uno de esos almohadones de peluche... le tuvimos que alimentar a base de biberón y cucharilla... y creo que tiene claro que mi mujer es su madre, de todas todas...
El Pufetín fue testigo de muchas cosas en esa época de mi vida... acabábamos de empezar prácticamente nuestra relación de pareja y el gatito de marras nos sirvió a Adela y a mi como una especie de ensayo de los futuros bebés que queríamos tener... y que con el tiempo tuvimos... dos hermosas nenas, Sara primero y Mireia después... de las que nuestro gatito fue testigo de su nacimiento... ya que las dos llegaron tranquilamente en nuestra habitación, en nuestro dormitorio, mediante parto natural, atendidas por una doctora y una comadrona... y el gatito allí, atento, respetuoso...y supongo que alucinado...
Mi trato con el Pufetiyo, que no sé si os he dicho que es un Ángora Turco prácticamente albino, ha pasado por grandes altibajos... al principio jugaba mucho con él... casi no arañaba de lo chiquitín que era, con sus diminutas garritas... y yo le dejaba que me mordiera los nudillos y el resto de la mano mientras nos peleábamos de broma...
Pero el mozo fue creciendo y su armamento dactilar también... y lo que antes eran escaramuzas divertidas, acababan ahora con mis manos completamente arañadas, ensangrentadas y escocidas... tuve que dejar de pelearme ni que fuera de mentira con él... tampoco aceptaba que me enfundara guantes, por lo visto prefería sentir mi tibia carne entre sus dientes, el muy caníbal...
Y luego empezaron las barrabasadas propias de los felinos... vomitonas en el sitio menos pensado, encima del sofá o en la cama... la casa se llenó completamente de pelos blancos... yo salía cada día rebozado en pelusa de gato... y además, se limaba las garras en las sillas, en los muebles... empezó muy pronto con la llamada del celo y se orinaba en las paredes...
El maravilloso PUF pasó a convertirse en un pequeño y endemoniado enemigo en mi propia casa... y tuve que enseñarle quien era el cabeza de familia y quien mandaba por las bravas, escoba en mano y persiguiéndolo por todos los rincones en unas carreras de vértigo por todas las habitaciones del piso... y siempre acababa intentando huir de mí en plan comando, amedrentado, arrastrando la barriga por el suelo desesperado y atenazado por el puro terror a mi furia desbocada...
Por suerte en aquella época teníamos unas buenas terrazas... y eso le salvó de que lo despellejara más de una vez... le hice unas puertas abatibles para que entrara y saliera cuando quisiera y se adueñó de la zona exterior... camuflado entre las macetas, comiendo hierbas para purgarse y tratando de cazar insectos que deambulaban de un lado a otro de la azotea...un caso de psiquiatra, me decía a mi mismo, al verlo saltando frenéticamente para coger moscas...
Ay, mi Pufetiyo... con el tiempo, hemos tejido una relación intensa de amor-odio, respeto-cachondeo y cabreo-ternura muy particular... la verdad es que lo aprecio de verdad y me sabrá mal el día que ya no esté con nosotros... un día que intuyo que se va acercando cada vez más... lo veo últimamente muy perezoso, remolón y holgazán... no sé, duerme muchísimas horas... demasiadas a mi juicio...
Por si acaso, en el juego que ya conocéis, el Guild Wars ese que de vez en cuando os comento, tengo a un tigre blanco de mascota para mi Ritualista Saaryah Drakslayer, un feroz felino de nombre Pufetiyo... así me acompañará siempre, aunque sea virtualmente...
Y aunque yo sea del Signo del Perro en el Zodiaco Chino y este 2007 sea el Año del Cerdo o, para los más susceptibles, el Año del Jabalí, para mí siempre será... El Año del Gato...
Te quiero, Pufetín...
Y qué mejor canción para acompañar este pequeño homenaje a mi camarada felino esta canción dulce, tierna y amorosa que triunfó en los años 70, cortesía de Al Stewart...
YEAR OF THE CAT (Al Stewart & Peter Wood)
In a country where they turn back time
You go strolling through the crowd like Peter Lorre
Contemplating a crime
She comes out of the sun in a silk dress running
Like a watercolour in the rain
Don't bother asking for explanations
She'll just tell you that she came
In the year of the cat
She doesn't give you time for questions
As she locks up your arm in hers
And you follow 'till your sense of which direction
Completely disappears
By the blue tiled walls near the market stalls
There's a hidden door she leads you to
These days, she says, I feel my life
Just like a river running through
The year of the cat
Well, she looks at you so cooly
And her eyes shine like the moon in the sea
She comes in incense and patchouli
So you take her, to find what's waiting inside
The year of the cat
Well, morning comes and you're still with her
And the bus and the tourists are gone
And you've thrown away the choice and lost your ticket
So you have to stay on
But the drum-beat strains of the night remain
In the rhythm of the new-born day
You know sometime you're bound to leave her
But for now you're going to stay
In the year of the cat


catartica . dijo
Me ha encantado como hablas de tu gato, lo haces con ternura.
Y la canción ya la conocía, me encanta.
Un saludo
24 Marzo 2007 | 12:34 PM